Los dos hombres caminaban con paso desigual por un estrecho camino de grava, entre huertos y viñedos iluminados por un sol todavía tímido. El paisaje suburbano se extendía desde las murallas de la ciudad hasta el Gólgota, el temido cerro de los suplicios, donde las cruces proyectaban una sombra siniestra sobre la fosa común que sobrevolaban las aves de rapiña.
Adelante el joven sacerdote, detrás el pescador ya maduro, los dos hombres iban en busca de la Tumba para confirmar una noticia increíble, procedente de una mujer definitivamente no digna de confianza…¿acaso el Maestro no había expulsado de su cuerpo a siete demonios?. Continue leyendo →