Pocas veces me he reído tanto como hace unos minutos cuando me tocó repasar la cantidad de elogios que ha recibido la señorita Marisa Glave, campeona zurda de la «materialización de la felicidad». Nuestra izquierda, tan parca en alabar a los suyos, tan moderada a la hora de repartir condecoraciones y tan reticente ante las argollas, no ha escatimado piropos tratándose de la joven Glave. ¡Qué manera de elevarla! ¡Solo falta que dancen para ella una coreografía maoísta! ¡Cantemos Flor de Retama! Para nuestra progresía, la señorita Glave es más carismática que Barrantes, más lúcida que Pease y mucho más bacán que la alcaldesa que acabamos de capturar.
No me sorprende esta nueva manifestación del maniqueísmo caviar. Canonizan a la señorita Glave con el fin de hacernos creer que es el rostro de una victoria. No existe tal triunfo. Una cosa es una campaña electoral financiada de manera exorbitante y otra, muy distinta, el gobierno, la materialización del poder. Si el gobierno de Susana Villarán ha sido un desastre ello se debe, en gran medida, a la torpeza ejecutiva de las Glaves y los Zegarras que la rodean. Que la señorita Glave sea una buena vocera de campaña no significa que sepa gobernar. Es más, ha demostrado, como su madrina, la alcaldesa solitaria, una profunda ignorancia sobre la implementación de ciertas políticas públicas. Esa incapacidad solo ha sido superada por un sectarismo digno de comisario bolchevique. Si esto es lo que la izquierda tiene para ofrecer el 2016, García ya puede ir afinando su guitarra.
¡Váyase señora Villarán!
Es un caso extraño el de la alcaldesa Villarán. Liquidada su falange, ella tendría que renunciar, por vergüenza política. Sin embargo, espoleada por los periodistas que reciben grandes sumas del municipio y por la sarta de incapaces que casi la conducen al cadalso, la alcaldesa aspira a perdurar. Incluso ya empezó a dar rienda suelta al triste balbuceo de explicaciones patafísicas sobre su permanencia en el poder. Que la izquierda movilizó a las bases. Que la izquierda convocó a la derecha democrática. Que la izquierda venció a la corrupción. Que la izquierda detuvo al fujimorismo. Que la izquierda eligió al Papa Pancho. Que la izquierda venció a Sendero. Que la izquierda recuperó Tacna. Que Fuerza Social salvó a los autobots. Que todos han perdido menos la izquierda. Y, la mejor de todas: que Zegarra es el Barrantes del siglo XXI. Así de patético es el largo etcétera de la estupidez.
Bachelet, la de los tanques
Querida Presidenta Nadine: TU ministra Trivelli (a propósito, ¿cuándo se inscribe en TU partido nacionalista?) debe estar feliz con la candidatura de la socialista sureña que sacó los tanques con ánimo de atarantarnos. Suele invitarla mucho a sus eventos internacionales y saca la alfombra roja para ella. Trivelli, francamente ineficaz.
Fuente: Diario Correo
Martín Santiváñez