La semana pasada se presentó ante la Comisión de Energía y Minas el Ing Carlos Santa Cruz, quien disertó sobre la Crisis Financiera Mundial y su Oportunidad para la Minería Peruana mostrando como la crisis está ocasionando que la producción minera se reduzca y las inversiones mineras se postergan. Ante esta coyuntura, el Ing. Santa Cruz mostró que las empresas, y por ende, los países que incrementaron sus niveles de inversión, sea en ampliación o en nuevos proyectos, entre 1998 y 2002 (el período anterior de bajos precios de los metales) estuvieron mejor preparados que el resto para beneficiarse del auge de precios que se inició en el 2003. Durante ese período, las empresas cupríferas ubicadas en Chile buscaron que sus costos no sólo fueran inferiores a los precios vigentes en ese momento (alrededor de 70 centavos por libra de cobre), sino que fueran suficientemente bajos como para mantenerse en el mercado como empresas rentables. En resumen: ser competitivos.
Pero qué hicieron? Apostaron por la hidrometalurgia, la mayor innovación tecnológica de la industria minera en los últimos tiempos. Los chilenos repitieron el modelo seguido por los norteamericanos en la década del 80, cuando adoptaron esta tecnología que fue su tabla de salvación, cuando fueron acosados por bajos precios y regulaciones ambientales más exigentes.
La fundición del cobre debe tener una antigüedad de seis a ocho mil años y la lixiviación en pilas de mineral chancado fue usada en la mina Rio Tinto en España en 1670; aunque se conoce que los romanos ya habían observado la presencia de cobre en el agua que drenaba de las minas. Lo único que ha cambiado son las técnicas para hacer lo mismo.
El uso de la hidrometalurgia en la década de los 90 permitió iniciar la explotación de grandes reservas de cobre en ese país. En 1994 producían 200,000 tmf de cobre usando esta tecnología. En 2007 produjeron diez veces más o el 62% de la producción mundial. Esta tecnología tiene el atractivo de bajos costos de capital y de operación comparados con los del proceso convencional (concentración, fundición, refinación). Se estima que sus costos son un tercio menores de los procesos tradicionales.
Otra ventaja de la hidrometalurgia es que es considerado un proceso “limpio”. Las emisiones al aire no existen, y la cantidad de residuos que genera son mínimos. La flexibilidad de la escala de operación y sus bajos costos permiten el procesamiento económico de minerales de muy baja ley. Sin embargo es una tecnología que requiere de mucha investigación específica al mineral que se va a tratar porque los parámetros son determinados “a-la-medida”.
La experiencia de la industria cuprífera norteamericana en los 80s y de la industria chilena de los 90s son una prueba de la intensa competencia global de la industria minera, y muestra la importancia de la innovación tecnológica, cuando no se quiere sacrificar estándares ambientales. La volatilidad y la tendencia a la baja del precio de los metales en el largo plazo, obligan a los productores, y a los gobiernos, a favorecer la búsqueda y el uso de procesos “limpios” que mantengan la competitividad de su industria a fin de que no cierre aún en las épocas difíciles.
Si observamos la cartera de nuestros proyectos cupríferos, éstos no son de alta ley, además son de mineralogía compleja y se encuentran en zonas remotas. El desarrollo futuro de innovaciones tecnológicas que permitan lixiviar los sulfuros primarios peruanos (90% del total de reservas nacionales) puede convertir esas reservas potenciales en reservas económicamente factibles aún a los actuales bajos precios.
Concluyendo: iniciativas como las de Rio Tinto de utilizar procesos hidrometalúrgicos para lixiviar los sulfuros calcopíriticos de La Granja deben ser apoyados. Las reservas de este yacimiento están estimadas entre 20-40 millones de toneladas de cobre. Si consideramos un precio para el cobre de US$2/lb, tendría un valor entre US$90,000 y US$180,000 millones de dólares, que ahora está enterrado.