Es interesante la forma en que el subconsciente traiciona al señor Humala. Para nuestro guardián socrático, el abdomen protuberante, la clásica curva latinoamericana de la satisfacción, es un defecto execrable, un motivo de sorna, el rasgo supremo del adormecimiento burgués. Sin embargo, la tara metafísica que el señor Humala intenta endilgar a su enemigo (para ser más concretos, a su Némesis aprista) es la misma que él, aconsejado por la Presidenta Nadine, ha cultivado todos los días desde que llegó a Palacio de Gobierno. Porque el señor Humala, no nos engañemos, es el principal defensor de un Estado voluminoso, es decir, un Estado «panzón».
El humalismo, desde que llegó al poder, se ha encargado de cebar al Estado en sus estructuras más ineficientes. Así, alimentando todos los días a una mole insaciable, lanzándole golosinas para premiar su ineficacia, el humalismo ha blindado la incapacidad de sus aliados con el caramelo del subsidio. A ver, ¿cuál es el aporte del humalismo a la construcción de un Estado eficaz y eficiente? ¿El Midis? ¿El shock de gerencia pública? Por favor, señor Humala. Trivelli es francamente ineficaz.
El gobierno humalista ha legalizado y promovido un ministerio que institucionaliza el lado más oscuro del desarrollo: el de la política esencialmente asistencial. El modelo brasileño, que el humalismo aplica con tanta pasión, es un esquema artificial y corrupto, basado en la inercia del crecimiento global. No es que en el Perú no necesitemos un Estado fuerte.
Claro que se precisan instituciones sólidas y eficientes. Sin embargo, un Estado fuerte es, ante todo, un mejor Estado, no uno más grande. Mejoremos lo que ya existe. Descentralicemos de manera inteligente. Urge preparar a toda una generación de servidores públicos con técnicas modernas de gestión y control. Al día de hoy, el humalismo ha sido incapaz de realizar las reformas que requiere la administración pública. Por el contrario, está acostumbrando a la población a vivir del dinero regalado, generando clientelismo con ánimo electoral.
La crisis, tarde o temprano, llegará. Entonces, el Estado «panzón» que el humalismo ha cebado, ese Estado adiposo que los Humala han promovido a paso ligero, generará problemas estructurales agudizando los conflictos. Un Estado que no sabe ejecutar su presupuesto no debe crecer, porque antes tiene que modernizarse. Es un tema de gerencia, no de magnitud.
El Estado peruano se expande por la existencia de un gobierno «Forrest Gump». El señor Humala comanda en piloto automático. No ha reformado ningún poder del Estado. No ha tocado la educación. Regala el dinero de manera ineficaz. Por lo tanto, como no tiene un objetivo concreto, y la plata le ha llegado sola, necesita dar la impresión de actividad, de movimiento febril, de atletismo político. Es por eso que el señor Humala corre como un poseso en la Antártida, en Lima y en provincias. Lamentablemente, lo hace como Forrest Gump, sin rumbo, sin estrategia, sin meta por alcanzar. Esta es la realidad del humalismo: el gobierno sabe cómo regalar el dinero que ha heredado, pero ignora lo que es un plan.
Fuete: diario el correo
Martin Santivañez V.