El ministro de economía y finanzas lanzó una frase que definitivamente no será olvidada al referirse a un posible incremento del impuesto vehicular: “me ha picado el ojo e hincado el hígado”. Pero dejando la sorna al lado nos preguntamos si esta es una frase congruente con un representante de un partido que se proclama “ecologista” o “verde” que debería estar preocupado en la reducción de gases contaminantes.
Sabemos que existe una creciente preocupación por el cambio climático que ha impulsado la compra de vehículos eléctricos o de hidrógeno. Según un reportaje de este semanario hasta julio existían 2,019 vehículos eléctricos en nuestro país y se espera que al 2030 este número se eleve hasta 100,000. Pero estos vehículos cuestan el doble que los que utilizan gasolina o diesel. ¿Pagarán más impuestos estos vehículos porque tienen un valor de compra más alto?, ¿En el MEF se sabe que Lima es una de las ciudades más contaminadas del mundo por su parque automotor?
Pero esta incongruencia “verde” no sólo se limita a comentarios del ministro Francke. La agencia supervisora ambiental OEFA es muy rigurosa al encontrar algún derrame en cualquier mina, que aunque sea pequeño, es multado fuertemente. Viendo como ha quedado el campamento incendiado de la minera Apumayo nos preguntamos si OEFA junto a la fiscalía ambiental han abierto un proceso penal a los que resulten responsables por el daño ambiental ocasionado.
Pero la incongruencia ambiental no sólo se reduce al MEF o al OEFA. El Ministerio de Vivienda tiene un listado de “obras complementarias” que son la base imponible del impuesto predial donde figuran “cisternas”. Parece que no se han enterado del cambio climático, de la necesidad de ahorrar agua, de que Lima es la ciudad más grande del mundo ubicada en un desierto, y que millones de peruanos tienen que comprar agua a camiones. Para el gobierno estos últimos tienen que pagar además de una tarifa más alta, impuestos anuales por las cisternas que construyeron y las casetas de bombas de las mismas.