Hace diez años Conga, un proyecto de 5,000 millones de dólares, con todos los permisos aprobados, que estaba en plena construcción fue paralizado por movimientos encabezados por varias personas que hoy ostentan altos cargos en el gobierno actual.
Si hacemos un análisis de quienes ganaron y quienes perdieron definitivamente Cajamarca y el Perú perdieron; mientras que para los agitadores Conga fue su “trampolín a la fama política”.
Cajamarca sigue languideciendo en medio de la recesión y el desempleo hasta hoy. Mientras, que Arequipa o Ancash, regiones donde no se paralizaron proyectos mineros reportan cifras positivas, aun después de la pandemia.
En esa oportunidad, el Vice Ministro de Minas, declaró que la paralización de Conga no iba a repercutir en la decisión de inversión de otros proyectos. Se equivocó. En Cajamarca no se ha anunciado ninguna inversión de envergadura todos estos años. Todos los yacimientos situados alrededor de Conga siguen enterrados. Yanacocha siguió operando e invirtiendo pero en montos mucho menores a la obra paralizada.
La primera ministra y su ministro de economía han pedido facultades legislativas en materia tributaria proponiendo un paquete que según ellos permitiría un ingreso fiscal adicional de US$ 3,000 millones de dólares anuales. Si Tambogrande, Quilish, Conga, Coroccohuayco y Tía María estuvieran operando podrían estar tributando más de la mitad de esa cifra; y si Las Bambas no tuviera tantos bloqueos hace tiempo estaría pagando impuestos a la renta y Apurimac estaría recibiendo un generoso canon.
Conviene entonces presentar públicamente los cálculos de lo que el Perú ha perdido en estos diez años, porque nuestras autoridades siguen por el camino equivocado. Mientras que las reservas mineras del país decaen, se dedican a obstaculizar la exploración y la eventual entrada en operación de yacimientos a lo largo de todo el país. Al movimiento antiminero no le importa que el peruano de a pie tiene que pagar más cada día por los combustibles por la devaluación o porque la gran fuente de ingreso fiscal es el igv. Tampoco le importa que el país necesita realizar mayores gastos en salud, educación e infraestructura porque su aprovechamiento político está primero. Lamentablemente su agenda política no está reducida a la actividad extractiva sino se ha extendido a otras como agroindustria o hidroeléctricas.