Representantes de Peru Libre han anunciado la cancelación “definitiva” del proyecto Tía María. Es una medida que se esperaba porque está asociada a una disputa entre la administración de la infraestructura de riego del valle (las “Juntas”) y una compañía minera, que es la primera contribuyente del país. Se entiende la “rápida” decisión pues “facilita” una segunda reforma agraria que expropiaría los grandes fundos de la costa, donde las “Juntas” son los amos y señores de la pequeña agricultura costeña y las responsables de su atraso.
Estas “administraciones”, uso comillas porque todas son unos monumentos a la mala gestión, son la causa del poco desarrollo de la pequeña agricultura. En la costa no llueve en cantidad suficiente, entonces es obvio que la “administración” de la escasa agua que viene de las quebradas y que se tiene que distribuir a través de una precaria infraestructura de canales, con “tomas” para las diferentes zonas es la “clave”, pues de esta “administración” depende la cantidad y la ocasión en que recibirás el agua.
El pequeño agricultor costeño tiene la única ventaja de tener ciudades grandes cerca, que consumen sus productos y el acceso a carreteras. La gran desventaja: no tiene agua y debe vivir subordinado a las “Juntas” porque si no se “alinea” no le despachan agua y se arruina toda su inversión en siembra, etc.
Si se “alinea” la “Junta” le dará crédito y podrá pagar el agua cuando coseche, lo que está prohibido por la alta morosidad en los pagos. También los “alineados” recibirán agua durante el día, porque los otros posiblemente se les despache a las 2am para que rieguen alumbrados por la luna.
Cuando las “Juntas” deciden hacer “limpias de canales” nadie se queja de las condiciones infrahumanas de esta labor: sumergirse en los canales, y estar horas retirando sedimentos con una lampa. Obviamente que Sunafil no fiscaliza, ni ha sancionado por esta “colaboración”.
Tampoco el Ministerio de Agricultura interviene y sanciona por la cantidad de maquinaria destinada a esta labor, que está sin reparar y abandonada, mientras peruanos tienen que hacerlo manualmente porque de otra manera son multados. La Contraloría se ha lavado las manos y tampoco controla la gestión de las Juntas.
Cuando la “Junta” ordena algún bloqueo o marcha, todos los pequeños agricultores tienen que estar presentes, bajo pena otra vez de no recibir agua, o de recibirla de madrugada. Lo mismo sucede con las elecciones amañadas donde se reelige el “grupete” dirigente período tras período.
Obviamente para este “grupete” que administra el cobro de agua según su parecer no le conviene que en el valle aparezca una agroexportadora de gran extensión, una hidroeléctrica, o una minera. Cuando se quiso construir la hidroeléctrica de El Platanal, la “Junta” hizo una campaña porque se iba a consumir todo el agua del río Cañete!. Finalmente se permitió su construcción, pero no la irrigación de las pampas de la margen izquierda, ahora invadidas, pero donde nadie habita.
En el Valle del Tambo, donde se siembra en gran parte, los pequeños agricultores tienen que mostrar lealtad a la “Junta”, pues este cultivo es gran consumidor de agua, y degradante de suelos, lo que hace prácticamente imposible cambiar hacia otro cultivo, y reduce la rentabilidad año tras año.