Juan Pari Choquecota, ex congresista, y ahora miembro del equipo técnico del candidato Pedro Castillo ha afirmado tajantemente que las empresas mineras se van a nacionalizar “así como Codelco”, refiriéndose a la gran empresa estatal chilena, que está obligada a asociarse con capital privado en sus nuevos emprendimientos.
Habría que recordarle al sr. Pari que Codelco se crea a partir de nacionalizaciones que se ejecutan parcialmente desde 1967 y concluyen en 1971. Casi en la misma época, el primero de enero de 1974 se nacionaliza Cerro de Pasco Corp. la principal empresa minera del Perú, y se transforma en Centromin Peru. Sucede lo mismo con la mina Marcona (Hierro Peru), los proyectos pasan a ser gerenciados por Minero Peru, y se construye Tintaya en 1980, impulsado por PPK desde el Ministerio de Energía y Minas (MINEM).
En 1990, unos 16 años después, en el MINEM se decide privatizar todas las minas estatales ante el siguiente cuadro: Centromin no tenía fondos ni para pagar la gratificación navideña; Marcona había perdido a casi todos sus clientes. Tenía un mineral de hierro con mucho azufre, y conseguía clientes con dificultad, pero una acería necesita abastecimiento constante y seguro para hacer los “blending” de alimentación, y las continuas huelgas en la mina no aseguraban nunca una fecha cierta de embarque. A pesar que los ingenieros manejaban los equipos en su desesperación para cumplir con los embarques.
Minero Peru estaba en una situación similar. Se le habían acabado los óxidos en Cerro Verde, y tenía que cambiar el proceso metalúrgico para procesar sulfuros, pero como no tenía fondos seguía procesando con recuperaciones bajísimas (35%), y acumulando obviamente pérdidas.
Tintaya era la operación estatal más moderna. Se construyó “llave en mano” con un préstamo sindicado que fue incluido en la deuda que Alan García dijo que no pagaría. El mineral de cobre era rico y limpio pero sólo tenía reservas para 2 años. Estaba en manos regionales, y su presidente había nombrado a una “amiga entrañable” para dirigir la empresa, que dijo que era economista, pero al final se descubrió que sólo era maestra. Por disposición regional sólo podían trabajar personal cusqueño en la mina. Por esta razón se había despedido a todo el personal que no cumplía este requisito.
Se inició el proceso de privatización y en la primera subasta de Centromin no se presentó nadie; en Marcona sólo hubieron dos postulantes, y en Cerro Verde sólo uno.
Han pasado casi 30 años del giro que hizo nuestro país y el incremento en la producción, y modernización del sector es notorio. Esta historia de éxito es silenciada por la izquierda, que como dice Oswaldo Tovar “sus argumentos tienen cifras que no cuadran”.