Apurímac tiene un territorio impresionante por su accidentada geografía. Raimondi decía que se asemejaba a un papel arrugado hace 150 años. Los andes atraviesan su territorio a una altitud entre 2,500 y 3,500 msnm.
En medio de esta diversidad geográfica, el profundo río Apurímac, con su gran cañón, es su límite natural. En las cuencas de los ríos Pachachaca y Andahuaylas, se han desarrollado sus dos ciudades más importantes, la capital Abancay y Andahuaylas, la ciudad más importante del departamento. Los ríos Apurímac y Pampas recorren el departamento de sur a norte formando valles y quebradas donde se ubica la mayor parte de los centros poblados.
No obstante su peculiar geografía, su territorio agreste también le ha impedido a Apurímac tener un desarrollo económico similar al alcanzado por sus regiones vecinas. En efecto, en el 2007 Apurímac era uno de los departamentos más deprimidos del país, y la población en situación de pobreza bordeaba el 70%. Las difíciles condiciones climatológicas agravaban más la vida y salud de sus habitantes. Por ejemplo, en el año 2004,, se registró una ola de frío en la zona de Antabamba y los termómetros marcaron -20 grados; como consecuencia de ello, se tuvo que cerrar centros escolares, y la población observó impotente la muerte de buena parte de su ganado. Friaje y desbordes afectan con frecuencia al poblador apurimeño así como también los sismos también han ocasionado grandes daños a las viviendas e infraestructura en dicha región.
Por años la región Apurímac se ha encontrado en la trampa de la pobreza, figurando entre las regiones más pobres del país junto conjuntamente con otras regiones vecinas como Ayacucho y Huancavelica. En el periodo comprendido entre los años 1995 y 2010 observamos que, durante 15 años el ingreso per cápita del poblador apurimeño increíblemente no cambió, manteniéndose en alrededor de 4,000 soles en términos reales. Consecuentemente, con este magro crecimiento económico, durante esa década y media los indicadores sociales eran reacios a mejorar de manera importante.
Sin embargo, como resultado de la inversión privada, asociada al proyecto minero Las Bambas, los indicadores económicos y sociales cambiaron favorablemente entre los años 2011 y 2015, cuando se invirtieron en el proyecto cerca de US$ 7,000 millones de dólares. Parte de estos recursos se han destinado al incremento de la demanda de bienes y servicios en la región, sobre todo en la etapa de construcción y desarrollo del proyecto minero. De esta manera, se disparó el crecimiento económico en Apurímac que en 2010 fue de 9% y en el año 2016 alcanzo el 141% . De otro lado, en el 2010 Apurímac cerró con un nivel de pobreza en el orden del 63% y la desnutrición crónica infantil cerca del 40%. Sin embargo, en el año 2016 la pobreza había caído a 38%, y la desnutrición a 21%. Lo más llamativo fue que la brecha con el promedio nacional se redujo ostensiblemente. El mayor cambio positivo se observó en las provincias donde se desarrolló el proyecto minero.
Debemos tener presente que a partir del 2016 se suma al desarrollo regional la inversión pública financiada con las regalías mineras, principalmente de parte del Gobierno Regional de Apurímac que se encuentra preparada para afrontar los nuevos retos de invertir adecuadamente los mayores recursos que comienzan a llegar a la región. En efecto, para mejorar la transparencia en la utilización de los recursos públicos el Gobierno Regional se adhiere al EITI, se aprueba un código de conducta para los trabajadores y encuentra a dichos trabajadores con una mejor curva de aprendizaje sobre la utilización de los recursos públicos para inversión. De hecho, cuando se compara el porcentaje de ejecución del gasto en inversión pública luego del inicio de las mayores transferencias de recursos fiscales por la explotación de recursos naturales, el antes y el después, el Gobierno Regional de Apurímac mantiene elevados porcentajes de ejecución, cerca del 70%, mientras que otras regiones en situaciones similares han bajado hasta 40%.
Apurímac es el séptimo departamento menos poblado del Perú. El 54.1% de la población vive en áreas rurales. La edad promedio es de 27 años, lo que ubica a este departamento entre aquellos con más población joven, siendo la densidad de población en Antabamba de 2.14 habitantes por Km2. Si comparamos el censo del 2007 respecto del de del 1993, podemos observar que la población de Apurímac sólo aumentó 2%, mientras que a nivel nacional el aumento fue de de 24.3%. La población estimada en 2017 era de 406 mil habitantes.
El censo del 2007 detectó que sólo el 32.3% de las viviendas tenía conexión interna con la red de agua potable, en el 2010 había mejorado a 74.7%, y el 2016 alcanzó el 89.8%. Sólo el 26.8% estaba conectado a la red pública de alcantarillado en el 2007; 34.7% en el 2010, y 52.3% en el 2016. El alumbrado público sólo alcanzaba al 56.6% de las viviendas en el 2007, subió a 80.9% en el 2010 y a 93.1% en el 2016.
En el 2007 el acceso a las telecomunicaciones era bastante reducido pues sólo el 4.9% de las viviendas tenía teléfono fijo, el 16.1% tenía celular y el 0.9% internet. El 81.9% de las casas no contaba con ninguno de estos servicios. En el 2010, el 49.4% de los hogares había un miembro que tenía celular que subió hasta 83.3%.
En educación, en el 2007, el 8.2% de los estudiantes aprobó las pruebas de comprensión lectora, por debajo del promedio nacional 15.9%, pero el 7.3% si aprobó las pruebas de aptitud lógica matemática, por encima del promedio nacional (7.2%). En el 2010 el porcentaje de alumnos con nivel satisfactorio en comprensión lectora alcanzo el 16.4%, saltando a 38.0% en el 2016. En matemáticas el salto fue de 8.5% a 35.1%.
En el 2007, el número de escuelas primarias era de 857 y de secundaria 266. El 97.4% de los colegios eran estatales. La población analfabeta era de 21.7%, mientras que el promedio nacional era de 7.1%. Entre 2015 y 2018 se invirtieron en mejorar infraestructura pública 144 millones de soles.
En lo referente a infraestructura de salud, a noviembre del 2005, Apurímac contaba con 6 hospitales, 34 centros de salud, y 198 puestos de salud. Era el quinto departamento con el mayor índice de desnutrición en niños menores de 5 años (34.3%). Además, el 64.2% de niños entre 6 y 36 meses sufría de anemia, y la tasa de mortalidad era de 18 por cada mil nacidos vivos.
Los datos económicos eran también pavorosos. El VAB era el segundo más pequeño del país en 2007 (0.5% de la producción nacional). El ingreso per cápita en el 2007 ascendió a S/. 1,826 en términos reales, el más bajo de todos los departamentos. Los indicadores reducidos eran el resultado de la poca actividad económica, pues el Estado, con sus prestaciones de salud y educación era el actor más importante (pago de remuneraciones) así como las inversiones en infraestructura. Los servicios estatales representaban el 22.8% del VAB apurimeño. Siguen en importancia la actividad agropecuaria (21.9%), y comercio (12.3%). Minería representaba sólo el 6.4% mientras que construcción era el 7.7%.
La producción de papa creció de 243,000 toneladas en el 2010 a 397,000 en el 2017. Mientras que la naciente producción de palta paso de 1,700 toneladas a 4,300 en el mismo periodo. También se desarrolló la producción de truchas de 36 toneladas a 125 toneladas en el mismo periodo.
La recaudación tributaria entre 2002 y 2008, subió de7.4 millones de soles a 14.4 millones, cifra equivalente al 0.02% de la recaudación a nivel nacional. Mientras que las transferencias del gobierno central fueron de S7. 523.1 millones de soles. Entre enero 2016 y marzo 2018 se destinaron 527 millones de soles en inversiones en la región. El promedio de ingreso familiar mensual en nuevos soles fue de 197.88 en Antabamba y 170.34 en Cotabambas, en el 2005. Por otro lado, las posibilidades de desarrollo económico eran limitadas por la poca infraestructura, además era una región poco visitada y uno de los más afectados por la pobreza.
En suma, Apurímac puede convertirse en un centro minero de importancia por los yacimientos de cobre y hierro que alberga, siendo que el funcionamiento del proyecto Las Bambas ha convertido Apurímac en la segunda región productora de cobre del país, aportando el 18 % de la producción nacional. Asimismo la tecnificación de los cultivos andinos podría generar oportunidades para el ingreso de sus productos a nichos especializados. De igual forma, esta región cuenta con restos arqueológicos que deberían ponerse en valor, todo lo cual debe ser potenciado a través de planes de desarrollo concertados que permitan que esta región alcance los niveles de crecimiento que han otras regiones del país.