Lima, Perú: Desde sus investigaciones de arsénico elevado en el agua subterránea en el norte chileno hasta su detección de deficiencia de cobre en pastizales uruguayos, los investigadores están literalmente buscando bajo sus pies respuestas a algunos de los persistentes problemas de salud de origen ambiental en América Latina.
El problema, en concreto, es la sobreexposición —o a veces la subexposición— a los minerales que se encuentran en la naturaleza, en algunos casos debido a perturbaciones ambientales antropogénicas. Y la preocupación por los impactos ha llevado a la aparición de una disciplina de investigación conocida como geología médica. “Hay necesidades únicas en América Latina”, dice el toxicólogo puertorriqueño José Centeno, director de la División de Toxicología Biofísica del Centro Conjunto de Patología de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, cerca de Washington, D.C. “Hay personas que sufren de arsénico en el agua potable y personas que sufren de enfermedades que aparecen y reaparecen. Estas enfermedades aparecen o reaparecen porque estamos cambiando el medio ambiente. Si no entendemos esas conexiones, ¿cómo vamos a resolver esos problemas?”
Las conexiones suelen tener sus raíces en combinaciones de minerales que componen el suelo o se disuelven en corrientes y acuíferos. Pueden permanecer ocultas durante décadas, hasta que aparece la enfermedad, o pueden estallar violentamente en erupciones volcánicas como las que han derramado ceniza peligrosa sobre aldeas y barrios urbanos en Ecuador, Chile y Argentina.
Los problemas son a menudo rompecabezas. Aunque pequeñas cantidades de minerales como cobre, selenio, zinc y hierro son importantes para la salud, un exceso puede ser tóxico para los seres humanos o animales. Rastrear el origen de las enfermedades hasta una fuente geológica requiere comprender el equilibrio entre seguridad y toxicidad y considerar si múltiples elementos tienen un efecto combinado.
La forma en que se dan esos minerales también determina la facilidad con que son absorbidos y, por lo tanto, qué grado de riesgo para la salud representan. Esas complicaciones ponen de relieve la necesidad de una colaboración más estrecha entre los expertos en salud y los geocientíficos, dice Centeno, un trabajo en equipo que él ha estado promoviendo en la región durante la última década, y que los profesionales llaman ahora geología médica.
“Geología médica es un término relativamente nuevo, pero el impacto en la salud de los elementos de la naturaleza se conoce desde hace miles de años”, dice el químico Robert Finkelman de la Universidad de Texas, Dallas, uno de los fundadores de la Asociación Internacional de Geología Médica.
Los oligoelementos, minerales y compuestos orgánicos naturales pueden tener un impacto en prácticamente todos los órganos y tejidos del cuerpo, dice Finkelman, y su exceso —o escasez— puede ocasionar problemas de salud.
Tal vez el ejemplo más conocido es la falta del elemento yodo, que puede causar bocio, reducción del desarrollo cognitivo, abortos involuntarios y defectos de nacimiento. Comprender los problemas de salud causados por la deficiencia de yodo es “la marca registrada de la geología médica”, dice Centeno. Y aunque la sal enriquecida con yodo ha resuelto en gran parte el problema, alrededor del 7% de la población de América Latina está todavía en riesgo, añade.
Donde los elementos beneficiosos se dan naturalmente, los seres humanos y otros animales han aprendido a sacarles provecho.
En algunas partes de la cuenca amazónica, los acantilados se convierten en remolinos de color y ruido temprano en la mañana, cuando cientos de loros, pericos y guacamayos llegan a picotear la arcilla. Tapires y otros mamíferos frecuentan piedras de sal natural allí y en otras regiones. Los seres humanos en diversas partes del mundo también comen ciertos tipos de suelo para ayudar a la digestión, y existe evidencia arqueológica de que el Homo habilis podría haber estado haciendo eso hace 2 millones de años, dice Finkelman.
Rastrear las interacciones entre la geología y la salud puede tomar un poco de trabajo de detective. Si bien las fuentes de exposición —buenas o malas— por lo general están cerca, algunas pueden estar en la otra mitad del mundo.
Cuando los vientos lanzan cegadoras nubes de polvo en el desierto del Sahara, los efectos más obvios sobre la salud son los problemas respiratorios en los países africanos. Pero muestras de aire y fotos satelitales muestran que el polvo del Sahara se extiende hasta lugares tan lejanos como Europa, América del Sur y el Caribe.
Los estudios muestran que el polvo del norte de África podría ser la mayor fuente de fósforo en la cuenca del Amazonas, y algunos expertos sospechan que agentes patógenos montados en las partículas de polvo podrían estar matando el coral en los arrecifes del Caribe.
Cuando existen elementos nocivos en el suelo y agua local, los efectos sobre la salud pueden no ser evidentes y las consecuencias podrían ser graves. En muchos casos se presta poca atención a los peligros potenciales debido a la falta tanto de datos científicos como de conciencia pública.
Unos 10 países —entre ellos Perú, Chile, Brasil y México— han identificado o están explorando depósitos de uranio. El uranio puede suponer un peligro de radiactividad no sólo durante su extracción y procesamiento, sino también en su estado natural. Investigadores en Chihuahua, México, encontraron altos niveles de radiación en pozos y niveles mensurables en aguas superficiales cerca de un afloramiento natural de uranio no lejos de la ciudad, habitada por 3.4 millones de personas. Todavía no han evaluado los posibles impactos en la salud, pero las constataciones podrían apuntar a una necesidad mundial de monitorear la calidad del agua cerca de depósitos de uranio y examinar edificios locales en busca de gas radón, que está asociado a tales depósitos.
En algunos casos, elementos que se encuentran en lo profundo de la tierra representan un peligro para la salud cuando son liberados a la atmósfera en erupciones volcánicas. En 2008, el volcán Chaitén en Chile lanzó una nube de 20 kilómetros de altura y cubrió de ceniza una amplia franja del sur de Chile y Argentina.
Los expertos en salud pública están preocupados no sólo por la inhalación de partículas de ceniza, sino por la composición de las partículas. La ceniza volcánica tiende a ser rica en minerales de sílice, y algunos expertos temen que la exposición a largo plazo puede ocasionar problemas pulmonares por silicosis. La mayoría de las erupciones en los Andes en los últimos años han sido de corta duración, pero una serie de erupciones en la isla de Montserrat que comenzó en 1995 continuó durante cuatro años.
Existen entre 200 y 300 volcanes activos en los Andes entre Colombia y Chile, y más de 20 millones de personas viven cerca de volcanes activos. Santiago, Chile, y Quito, Ecuador, se encuentran entre las ciudades que podrían estar dentro del alcance de las erupciones volcánicas. Aunque las personas con problemas respiratorios están en riesgo particular, la mayoría de las muertes relacionadas con erupciones volcánicas se deben a gases calientes o el colapso de los techos. Los expertos señalan que los servicios públicos de salud y otros también pueden verse tensionados después de una erupción, haciendo a los habitantes más vulnerables a las epidemias de enfermedades.
Los Andes con actividad volcánica son fuente de otro riesgo para la salud. Las aguas subterráneas con partículas de arsénico se dan de forma natural y han sido relacionadas con decoloración de la piel, problemas de estómago y diversos tipos de cáncer. Hace siete mil años, los pescadores cerca de lo que hoy es Arica, en la costa del norte de Chile, al parecer tomaban agua tan cargada de arsénico que este todavía se puede medir en el cabello de las momias que tan cuidadosamente preservaron.
Más recientemente, un grupo de residentes de hospital que estaban haciendo lo que pensaban era un ejercicio rutinario de epidemiología encontraron un conglomerado de cáncer de vejiga entre individuos que eran niños en Antofagasta, Chile, cuando la ciudad comenzó a extraer su agua potable de un río que más tarde se descubrió llevaba altas concentraciones de arsénico.
Algunos científicos estiman que alrededor de 14 millones de personas en América Latina podrían estar expuestas a niveles peligrosos de arsénico en el agua potable. La magnitud del problema —que se ha detectado no sólo en Chile, sino también en Argentina, Perú y Bolivia— llevó a un estudio de las fuentes de agua en Uruguay, de acuerdo con Nelly Mañay de la Facultad de Química de la Universidad de la República en Uruguay. Mañay y otros expertos latinoamericanos en salud y ciencias de la tierra discutieron estudios realizados en sus países en una conferencia de la Asociación Internacional de Geología Médica celebrada del 26 al 29 de agosto en Crystal City, Virginia. La asociación tiene 400 miembros en 22 capítulos en todo el mundo, entre ellos grupos en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Colombia.
Aunque el suministro de agua potable de Uruguay se mostró seguro, dice Mañay, quien preside la asociación internacional, otros casos en el país han requerido el trabajo de detective geológico. Cuando ganado en el departamento uruguayo de Salto enfermó, los veterinarios rastrearon el problema a una dieta deficiente en cobre, debido a la falta del elemento en el suelo de los pastos donde los animales se alimentaban. El reto para los investigadores uruguayos fue encontrar una forma de cobre que el ganado pudiera metabolizar y que se pudiera agregar a su dieta para compensar la falta de cobre en los pastos, dice Mañay.
Combinar datos geológicos y epidemiológicos es una parte clave de la geología médica. En Brasil, un proyecto de una década que terminó el año pasado dio como resultado un mapa geológico de 12 estados —el 30% del territorio del país— basado en más de 30,500 muestras de suelo, sedimentos fluviales, agua superficial y agua potable. Los mapas pueden servir para múltiples propósitos, de acuerdo con Eduardo De Capitani, profesor de medicina en la Universidad de Campinas de Brasil. Las empresas mineras pueden usar los datos para seleccionar sitios para la prospección, mientras que los mapas de micronutrientes como zinc o manganeso podrían señalar buenas tierras para la agricultura, dice De Capitani.
Superponiendo datos epidemiológicos sobre los mapas, los expertos en salud pueden identificar lugares donde los factores geológicos podrían afectar la salud humana o animal. En algunos casos, esos problemas podrían ser causados por la escasez de un elemento esencial, como la deficiencia de cobre en Uruguay. En otros, pueden ser provocados por el exceso de algo bueno. Por ejemplo, aunque el fluoruro ayuda a prevenir y controlar la caries dental, la exposición a altos niveles de fluoruro cuando se están formando los dientes permanentes puede dejar el esmalte de los dientes descolorido o picado, una condición conocida como fluorosis.
Fluorosis en Brasil
El estudio realizado en Brasil mostró que los altos niveles de fluoruro que se da naturalmente en el agua superficial y el suelo en parte de la cuenca del río São Francisco correspondían a una zona con altos índices de fluorosis dental, dijo De Capitani en una presentación en la conferencia de geología médica.
Los datos geológicos también revelaron altos niveles de arsénico alrededor de la mina Paracatu de la Kinross Gold Corporation en el estado de Minas Gerais, donde hay “una ciudad de 65,000 personas cercana a la mina a cielo abierto, y ha habido gran preocupación pública por la contaminación con arsénico”, dijo De Capitani a la audiencia de la conferencia.
Los investigadores están examinando los datos de mortalidad por cáncer y buscando pruebas dermatológicas, como la decoloración de la piel característica de la intoxicación con arsénico. Aunque “los primeros resultados muestran que el agua potable está limpia”, dijo, los expertos están ahora comparando muestras de orina de personas que viven cerca de la mina con las de un grupo control en el otro lado de la ciudad.
A medida que la minería se expande en la región, ordenar los hechos en casos como ese —en el que los metales tóxicos podrían provenir de fuentes naturales o de actividades humanas— se vuelve cada vez más importante.
Las personas que viven cerca de las minas a menudo acusan a los operadores de estas de contaminar el agua, y aunque esas acusaciones son a veces justificadas, los metales pesados también pueden provenir de fuentes naturales. Los científicos que estudian el derretimiento de glaciares en los Andes peruanos han encontrado que algunos arroyos tienen una alta acidez natural, lo que podría aumentar la cantidad de metales pesados disueltos en el agua. (Véase “Retroceso de glaciares plantea crecientes retos en Perú” —EcoAméricas, febrero 2013.)
Los proponentes de la geología médica dicen que su investigación también podría ayudar a desactivar conflictos por contaminación causada por el hombre al establecer líneas de base de la situación de salud de los habitantes locales y los metales pesados que se encuentran naturalmente en un área antes de que las empresas empiecen sus actividades extractivas o a perforar en busca de petróleo o gas. Así lo señala Diego Fridman, profesor a cargo de geología médica en la Universidad de Buenos Aires que formó un capítulo de la Asociación Internacional de Geología Médica con un grupo de investigadores que estudian quejas sobre una mina en el norte de Argentina.
Fracturación intensifica urgencia
La probabilidad inminente de la exploración de gas de esquisto en la región de Neuquén en Argentina hace que la necesidad sea más urgente todavía, dice Fridman. (Véase “Recién nacionalizada, YPF cifra sus esperanzas en fracturación” —EcoAméricas, junio 2013.) Con un acuerdo de exploración recién firmado entre la empresa petrolera y gasífera YPF de Argentina y Chevron, “este es el momento para hacer estudios de impacto en salud”, dice Fridman.
Los estudios que establecerían una línea de base —una instantánea de la situación de salud en la región antes de iniciar la fracturación hidráulica— permitirían “planificar y reducir el impacto negativo, mejorar el positivo, y eventualmente saber qué hay que mitigar”, dice.
Fridman y sus colegas han repetido ese mensaje en reuniones con funcionarios del gobierno, incluyendo una comisión del Senado nacional, dice, pero hasta ahora no ha habido ninguna respuesta oficial. Si bien es poco probable que tales estudios garanticen el fin de los conflictos mineros, pueden reducir la ansiedad o cambiar el tono del debate, señala Fridman.
“Cuando presentas elementos técnicos sólidos, se desarticula muchas veces el discurso que no tiene fundamentos. Y el que va a presentar pruebas en contra tiene que ver muy bien que esas pruebas sean igualmente sólidas”, dice Fridman. “Todo eso ayuda y suma a la paz social. Y si da que hay algo mal, mejor que lo sepamos todos”.
Fuente: ECOAMERICAS