El primer gobierno de Belaúnde dictó las primeras normas para una “reforma agraria” cuyo espíritu era “la tierra es para quien la trabaja”. Los ideólogos que la concibieron se basaron en indicadores que señalaban “x personas son dueñas de y hectáreas; y la relación y/x es demasiado alta”. Esto trajo consigo que se desencadenaran una serie de invasiones, y que surgiera en nuestro país dos tipos de “dueños”: los propietarios y los posesionarios. Los primeros se sienten “dueños” porque tienen todos los contratos de compra-venta de la propiedad y pagan puntualmente sus impuestos. Mientras que los segundos simplemente armaron un pequeño cobertizo, plantaron una bandera, y están atentos para cuando llega el funcionario de titulación. Porque hasta el día de hoy, se asigna la propiedad (urbana o rural) al que demuestre que lo está “posesionando”, no importa si se prestó unos carneros o armó algo que dice es un campo sembrado, o lo más común: vive hace años en Lima.
Esta demás decir que este espíritu se fue transformando hacia “la pista es de quien maneja”, “las veredas son de quienes venden”, “las lagunas son de los que la admiran”, etc, etc.
Comparando nuestra realidad con otros países que se desarrollaron como Alemania (tomaré este caso porque es el que conozco) encontramos que a pesar de que sufrió varias guerras, donde perdió extensos territorios y tuvo que soportar largas ocupaciones, el respeto a la propiedad primó. Hubo tiempos donde el gobierno ordenó que las casas compartieran habitaciones con refugiados que huían del Este. Pero a pesar del desorden y la necesidad coyuntural la propiedad privada siempre se respetó. Cualquiera que recorre Alemania hoy día encuentra miles de propiedades en manos de familias que las mantienen por generaciones, y no necesariamente realizando alguna actividad económica, pero si respetando todas las normas legales especialmente las tributarias.
La zonificación ecológica económica (ZEE) en Alemania es interesante. Se han definido zonas agropecuarias, donde no se puede levantar una construcción que puede ser usada como vivienda. Estas zonas no reciben ningún servicio municipal (agua, desague, alumbrado público). Tampoco estas tierras pueden ser vendidas para ser dedicadas a otras actividades. Sin embargo, los ideólogos peruanos, auspiciados por la cooperación alemana, han promovido una ZEE con un único enfoque, el prohibir actividades mineras, pero sin recoger el espíritu alemán: las propiedades se respetan y los tributos se pagan.
Hace más de 50 años abrimos todas las puertas a la viveza criolla. Ahora no sabemos cómo frenar a la economía informal, al contrabando, a la extorsión.