Maria Chappuis

Análisis y Comentarios

Posición adelantada – Cuando «ganar» es perder

Eugenio D’Medina Lora

Eugenio D¿Medina Lora

Imaginemos a un gerente general contratado para llevar a cabo una labor, para lo cual se le permite armar un equipo. Pasado un tiempo, se cuestiona la calidad de su trabajo y, de pronto, tiene a la mitad del directorio en contra. Pero este gerente «sobrevive» a las justas, después de un enfrentamiento tenaz entre las dos facciones del directorio, y la mitad que lo apoya puede sostenerlo, aunque para eso despide a toda la plana de gerentes que llevó con él.

¿Qué haría cualquier gerente en esta situación? La respuesta la sabemos: si tuviera algo de dignidad, se iría por sus propios medios. Algo similar le ha ocurrido a la alcaldesa de Lima después de la pasada consulta popular, con la diferencia de que ella no puede renunciar.

Lo que en un momento inicial aparecía como un triunfo, no solo de ella sino de las izquierdas locales, al pasar las horas, y con los resultados oficiales, se devela como un tremendo fracaso. Por donde se le mire, la señora Villarán ha quedado no solo en tela de juicio, sino que su presunta incapacidad para gobernar Lima no ha sido desmentida y ha devenido en una autoridad peligrosamente débil.

Hace algunas semanas señalábamos que era insólito que el «No» estuviera debajo en las preferencias siendo el cabal favorito. Tenía los recursos del Estado, que fueron utilizados groseramente, a vista y paciencia del JNE, para asegurar que la presencia mediática de Villarán fuera total durante cada día de la campaña. Además, contó con un presupuesto multimillonario de escala de campaña presidencial que no se veía en Lima desde tiempos del Fredemo. En adición, sumó cuanto apoyo pudo, desde deportistas y artistas de televisión hasta políticos tradicionales que hicieron sus cálculos para asegurarse un lugar en la foto y en el control del municipio. Poseía estrategia, comando unificado y asesoría de marketing importada. Y a todo esto se le sumaba la modesta campaña del «Sí» y su desorganización.

Con todo esto a su favor, los principales lugartenientes de Fuerza Social perdieron la elección. Y sus aliados pepecistas recibieron el mensaje de que la mitad de limeños no los quiere, aunque no por ello dejarán de pasarle la factura a la alcaldesa. La fortaleza política de Villarán ha quedado mellada y las izquierdas recibieron el otro mensaje: no los queremos en Lima, ni siquiera en los segmentos más modestos, donde perdieron más estrepitosamente. Golpe de dura asimilación para las izquierdas locales.

Fuente: diario el correo

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