El diario Página Siete de Bolivia recogía las declaraciones del embajador chino en ese país donde afirmaba que China antes del año 2030 va a llegar al tope de emisión de gases de efecto invernadero y antes del 2060 iban a llegar a una neutralidad. En los próximos 5 años, la demanda china del carbonato de litio subirá a 800,000 toneladas; por lo que han establecido una agenda bilateral con el país altiplánico buscando industrializar el litio, en los yacimientos bolivianos que son los mayores del planeta. Esto es parte de su estrategia geopolítica de energías verdes asegurando suministros latinoamericanos.
Mientras China exige la pronta explotación del litio, el gobierno boliviano está estudiando medidas que han sido calificadas como “desesperadas” como monetizar las actuales reservas en oro y convertirlas en dólares, dada la escasez de divisas; y al haber abortado la posibilidad de concretar la colocación de bonos soberanos por la desconfianza del mercado externo, ocasionado por su deuda cercana al 60% del PBI, que los puede obligar a una fuerte devaluación.
China necesita también asegurar el suministro de cobre. Su industria manufacturera y la construcción consumen alrededor del 50% del cobre que se extrae en el mundo. En el primer semestre China importó prácticamente al equivalente de toda la producción anual peruana. Actualmente, el gigante asiático es el mayor importador mundial de cobre por cierto margen (43%), representa más de tres veces el nivel de Japón en segundo lugar.
El cambio en China a sistemas de energía renovable será un gran impulsor de demanda de cobre, así como fabricación de autos eléctricos en el próximo lustro. Según la Asociación Internacional del Cobre (ICA) las nuevas instalaciones de energía solar y eólica demandarán un 60% más de cobre antes del 2030. Mientras que un auto eléctrico típico utiliza cuatro veces más cobre que un auto convencional.
Durante 2020 el 64% de nuestras exportaciones de cobre tuvieron como destino China. Corea y Japón recibieron el 18% del cobre peruano.
La cartera de proyectos chilenos es de cerca de 75 mil millones de dólares. Mientras que la peruana es un poco menos. La diferencia está en el tipo de inversiones. La cartera chilena es mayoritariamente de proyectos de ampliación en áreas ya explotadas, mientras que la peruana son nuevas áreas, y donde se tiene que construir desde cero como Michiquillay, Haquira, Río Blanco, Tía María y La Granja.
Según nuestro servicio geológico (INGEMMET), nuestro país tiene reservas potenciales que están en el rango de 200 a 320 millones de toneladas de cobre; que si se desarrollan se ubicarán sobre 300 mil hectáreas; y el 75% estará a una altitud superior a los 3000 msnm.