(extraído de diversos documentos publicados por The Lindau Nobel Laureate Meetings, la máxima convención de científicos a nivel mundial)
La preocupación mundial sobre el cambio climático ha llevado a muchos países, entre ellos el nuestro, a evitar que se incremente en dos grados Celsius (sobre los niveles preindustriales) el calentamiento global. Esta preocupación se ha traducido en las conclusiones de la Convención de Cambio Climático organizado por Naciones Unidas en Paris.
El acuerdo que firmó el Perú en Paris busca mitigar las emisiones de los gases con efecto invernadero que causan el cambio climático promoviendo la desinversión en las emisiones de estos gases, en especial el CO2. Estos gases provocan una alteración en la química de la atmósfera que calienta el planeta. Las políticas que se promueven, a nivel mundial, es un intercambio de licencias de emisión e “impuestos al carbón”, al uso de carbón, petróleo y gas.
Nuestro país tiene una baja emisión per cápita: 1.8 toneladas métricas, que se sitúa debajo de la media latinoamericana (2.9) y muy por debajo de los países de ingreso medio (5.7).[1]
Nuestro planeta ya se calentó por encima de un grado y este cambio ha tenido un gran impacto a nivel mundial. La relación entre la quema de combustibles fósiles (y la consecuente emisión de CO2 a la atmósfera) y el calentamiento global no es un descubrimiento científico nuevo. En el siglo XIX, el Nobel de Química Arrenius presentó su teoría al respecto; y el monitoreo y colección de datos comenzó en 1957. En 1988 las Naciones Unidas formaron el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, que acopia las investigaciones científicas que se desarrollan en todo el mundo sobre esta preocupación.
Estos estudios concluyen que las emisiones de CO2 son responsables de los 2/3 del cambio climático, y que es promovido mayormente por la deforestación. Históricamente, cerca del 70% del carbón ha sido almacenado en los bosques. Cerca del 20% del cambio climático proviene de la deforestación que sufre especialmente Sudámerica e Indonesia.
Según el Banco Mundial el 57.8% de nuestro territorio está cubierto por bosques. Este porcentaje está por encima del promedio latinoamericano (46.3%), y bastante más alto que el promedio de los países de ingresos medios (28.8%). El territorio protegido de nuestro país, según la misma fuente, es de 31.4%, muy por encima del 23.3% de Latinoamérica y del 16.6% de los países de ingresos medios.
Lamentablemente el Panel de Expertos, como el que reúne en Lindau a Nóbeles en Ciencias han manifestado que los cambios físicos, como la desertificación, lluvias extremas, o retroceso de glaciares es difícil evitar por incremento de la temperatura de los océanos que ha provocado el calentamiento global. Por lo tanto no auspician ninguna técnica como sembrado de lluvias o “recapado” de glaciares, por sus efectos efímeros e ineficaces. Porque mientras el calentamiento global continúe, poco podrá evitarse para que los glaciares se derritan.
Sin embargo, en el Sector Minas del Ministerio de Energía y Minas, promovemos la forestación en los sitios que alguna vez desarrollaron, a través del fideicomiso de inversión forestal como garantía del cierre de minas (RM No. 515-2006-MEM-DM).
Asimismo estamos elaborando una modificatoria a la Ley de Pasivos Ambientales, a fin de promover la instalación de plantas de energías renovables en lo que fueron áreas mineras, y/o el uso de minas abandonadas como almacenes de agua.
CABECERAS DE CUENCA
El Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Ingeniería Luis V. Chang[2] publicó en El Comercio el 09 de diciembre del 2011, lo siguiente:
Pocas veces he escuchado tantas barbaridades sobre el agua como en el caso de la minera Conga. Lo terrible es que esas incongruencias y mentiras son propaladas por aquellos políticos que tienen el derecho a pensar diferente, pero que no tienen ningún derecho para engañar al pueblo. ¿Sabe usted cuál es la diferencia entre una laguna natural y un reservorio? Ambas sirven para almacenar agua al servicio del hombre en cualquiera de sus actividades. Se dice que la actividad minera afectará el recurso hídrico porque ésta se ubica en la cabecera de cuenca, pero esto es una falacia. En un área geográfica existen cientos y quizás miles de cabeceras de cuenca.
Una cuenca es como un árbol: la parte superior donde se encuentran las ramas son las cabeceras de cuenca y el tronco que va al suelo es el río propiamente dicho. No existen zonas geográficas que sean el origen de las aguas, las aguas caen como lluvia desde el cielo independientemente de lo que exista abajo en el suelo.
El agua ha sido reverenciada por diversas civilizaciones. Caía del cielo y por lo tanto era considerada divina. Con el desarrollo del conocimiento y la ciencia estos conceptos han sido superados.
Hoy sabemos que el agua gira alrededor de un ciclo, a veces llueve escurriéndose superficialmente formando un río, o infiltrándose en el subsuelo creando el agua subterránea, o se deposita en una hondonada estableciendo una laguna, pero finalmente todo va al mar. En ese trayecto el agua se evapora y forma las nubes, y al condensarse se precipita como lluvia, como granizo o nieve.
El agua no se crea ni se destruye, solo se transforma, y su volumen es el mismo desde que se creó la tierra. Cae sobre la superficie terrestre en mayor o menor intensidad, determinando los años secos y los húmedos por la variación climática. Esto lo sabemos muy bien los peruanos. Sabemos también los daños que ocasiona el Fenómeno de El Niño. El agua no se va acabar nunca.
El Perú es uno de los más ricos en el mundo en fuentes de agua dulce. Dispone del 5% del agua del mundo, con apenas una población que representa el 0.42% del total mundial. Sin embargo, el 97.4% pertenece a la Cuenca del Atlántico, es decir, va al Brasil. Un 0.6% se queda en la Cuenca del Lago Titicaca y sólo el 2% viene del Pacífico, regando nuestros desiertos costeros. En este lado habita el 70% de los peruanos y se genera el 80% del PBI.
Debido a esta realidad los técnicos vienen trasvasando, por medio de reservorios y túneles, las aguas del Atlántico al Pacífico. ¿Sabía usted que la mitad de los limeños consumimos agua que no nos pertenece y que la disfrutamos porque hemos modificado el curso natural? Esto se hace en beneficio del desarrollo. De la misma forma se proyecta trasvasar en agua a la cuenca del Pacífico en los proyectos Olmos, Majes, e Ica; y deberían seguir más.
Profesor Rafael Fernández Rubio[3], publicó en la Revista del Colegio de Ingenieros del Perú, (octubre 2015) el artículo “Mitos y Realidades de las Cabeceras de Cuenca Andinas Peruanas”. Se presentan a continuación algunos extractos:
En el conjunto de nubes que se distribuyen por la troposfera las nubes bajas, que son las que en los Andes más aporte de agua originan, no se extienden por encima de los 3,500 metros de altitud; las nubes medias lo hacen hasta los 7,000 metros de altitud, es decir hasta las más altas cumbres andinas; mientras que en la estratosfera, donde el aire es muy seco, se sitúan las nubes altas que no producen precipitaciones.
De esta manera, cuando nos encontramos en las altas cumbres andinas, podemos contemplar, a nuestros pies, esos magníficos espectáculos conocidos como “mar de nubes”; y es así que la precipitación aumenta con la altitud hasta alcanzar lo que denominamos como “óptimo pluvial”, a partir del cual disminuye.
Frente a esta realidad, la aseveración del mencionado artículo 75[4], de que en “las cabeceras de cuenca (donde) se originan las aguas” evidentemente no tiene fundamento…Podemos asegurar que las aguas se originan, mayoritariamente, a partir de las precipitaciones atmosféricas, y éstas disminuyen por encima del indicado óptimo pluvial. Por consiguiente es hora de desmitificar ese concepto en la orografía andina: una hectárea de superficie en cabecera de cuenca aporta menos agua, a la escorrentía superficial, que una hectárea en zona de valle.
…Hay que destacar una investigación realmente relevante, realizada por Pouyaud et at (2001)[5], referida a la vertiente pacífica del Perú…En este estudio…los autores individualizan tres franjas en Perú, de norte a sur, en las que analizan las relaciones entre precipitación media anual y altitud, mediante ajuste polinomial.
En la franja septentrional del país se parte de valores medios de lluvias, cerca de la costa, inferiores a 500 mm, que se incrementan con la altitud (unos 40 mm por cada 100 metros) hasta alcanzar un valor próximo a 1000 mm para cotas entre 1500 y 2500 metros. Por encima de esta altitud la precipitación desciende, para alcanzar valores medios inferiores a 500 mm a cotas del orden de 3500 metros. De esta manera el óptimo pluvial medio sería de unos 1000 mm y se situaría a unos 2500 metros de altitud.
En una amplia zona central del Perú, definen un ajuste polinomial, que ofrece un óptimo pluvial también del orden 1000 mm, correspondiente a una altitud de unos 1800 metros. A mayor cota desciende de nuevo la precipitación media, que se situaría en unos 700 mm para cotas de 3500 metros.
Finalmente, en la franja más meridional, se observa una amplia zona con características desérticas desde la costa hasta cotas por encima de 1500 metros, que hace que a 3000 metros de altitud apenas se alcancen los 300 mm de aportación media anual. A mayores cotas la precipitación se incrementa con la altitud, sin llegar a definirse un óptimo pluvial, con aportes medios todavía inferiores a 1000 mm, a cotas del orden de 5000 metros.
Los vientos del oeste, que traspasan la barrera orográfica andina, alcanzan la cuenca amazónica con escasa humedad remanente, por lo que su aportación pluviométrica es muy escasa.
Por el contrario los vientos alisios, procedentes del Atlántico y cargados de humedad, originan extensas descargas pluviométricas, al avanzar hacia el oeste sobre tierra firme.
Estos frentes lluviosos, al aproximarse a los altos relieves andinos, acusan de nuevo el efecto altimétrico de máximo pluvial, para decrecer con la altura, al tiempo que se curvan hacia el sur, para llevar sus lluvias hacia el sur, para llevar sus lluvias por el flanco de la cordillera, hacia áreas más meridionales.
En la publicación Tropical Rainfall Measuring Mission (TRMM et al) se dice literalmente: “en la vertiente del Atlántico, al este de las montañas hay más lluvia en la parte baja de las montañas y en la selva, que en alturas elevadas”.
Con criterios científicos se demuestra que las cabeceras de cuencas andinas peruanas, en las que se sitúan muchos yacimientos minerales del Perú, e importantes minas, no son el lugar “donde se originan las aguas”, según se expresa en el artículo 75 de la Ley de Recursos Hídricos (Ley 29338) de 2009.
En consecuencia no se justifica que, por este motivo, se pueden “declarar zonas intangibles en las que no se otorga ningún derecho para uso, disposición o vertimiento de agua”.
[1] Banco Mundial, 2016, “The Little Green Book”
[2] Ingeniero Sanitario, con Maestría en Ingeniería Sanitaria de la Universidad de Delft (Holanda). Experto del Banco Mundial en temas de agua.
[3] Catedrático Emérito de Hidrogeología de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Minas de la Universidad Politécnica de Madrid, Premio Rey Jaime I a la Protección del Medio Ambiente
[4][4] Artículo de la Ley de Recursos Hídricos (Ley 29338), de 2009.Modificada por la Ley 30640.
[5] Pouyaud,B., Yerrén Suarez, J. Arboleda Orozco, J.F. y Suarez Alayza, W.A. (2001), Variabilidad pluviométrica, a escalas anual y cuatrimestral, en la vertiente peruana de Oceáno Pacífico. IRD & Senamhi, 177pp.