Ricardo Lagos Escobar: En los próximos diez o doce años, Chile será un país desarrollado, si entendemos por “país desarrollado” el que ha alcanzado un ingreso por habitante de 20 mil dólares por año. Los que vienen serán también años positivos para muchos de nuestros vecinos en América Latina. El motor de la economía china, como se ha dicho, seguirá empujando el crecimiento de la región: cuando China crece un punto porcentual, países como el nuestro crecen al menos un 0,4 %. Ello significa que si China sigue creciendo a un ritmo de 10 % anual, tenemos garantizado un crecimiento del orden del 4 %.
Pero no confundamos crecimiento económico con desarrollo: tenemos que definir hoy qué tipo de sociedad queremos construir en Chile durante los próximos veinte años, y abordar, ahora, los cambios necesarios para sentar las bases de ese futuro. Nadie lo hará por nosotros.
Al menos desde la revolución industrial, las sociedades han depositado su confianza en que un aumento en la producción de bienes acarreará mayor bienestar y mejores condiciones de vida para sus integrantes. Después de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento del Producto Interno Bruto prácticamente se universalizó como medida estándar del crecimiento económico, y el crecimiento en sí se transformó en el objetivo final de las políticas de desarrollo. Sin embargo, hoy, por primera vez, constatamos que en los 30 países más ricos del mundo el crecimiento de la economía ya no implica, necesariamente, una mejora en los indicadores sociales, de salud o de educación.
* Este es un documento en proceso de elaboración. No es ni pretende ser definitivo. Se trata, más bien, de una invitación a pensar colectivamente, a trabajar en red, en cooperación. Todo el que sienta que puede aportar, bienvenido al diálogo.
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Fuente: emol.com