En estas semanas previas a la próxima elección presidencial donde se va a definir nuestro futuro económico es interesante revisar algunas cifras de Bolivia, país que tiene a Evo Morales o su partido como primera autoridad desde hace muchos años.
Entre 1980 y 1990 el monto de las exportaciones mineras peruanas eran entre 3 y 4 veces las bolivianas. Cuando comienza la ola privatizadora de empresas extractivas en Latinoamérica, nuestro país pasa a manos privadas todos los centros mineros estatales. Muchos de los expertos peruanos fueron contratados por organismos multilaterales para diseñar el mismo proceso en Bolivia, pero todo el esfuerzo quedo en papeles. El año pasado, veinte años después, aunque la minería peruana estuvo paralizada más de 2 meses, exportamos más de 8 veces de lo que exportó Bolivia.
Informes de la prensa internacional comentan que en nuestro vecino país se quiere diseñar un plan para 20 años, para atraer capital privado, realizar una reingeniería en las empresas estatales por su atraso tecnológico y formar una comercializadora que capte el 100% del oro que produce el país…(habrá argumento para decomisos ilegales a los pequeños mineros).
Bolivia optó por un apoyo a los pequeños productores agrupados en cooperativas y ahora debe tener los pasivos ambientales más extensos de Latinoamérica. Pero la cifra más interesante de analizar sería la contribución fiscal del sector minero en ambos países. Definitivamente el aporte peruano debe ser más abultado y la diferencia mayor porque las empresas mineras que operan en nuestro país pagan entre 42 y el 52% de su utilidad operativa, con un esquema progresivo, más que sus similares en Chile, Australia y Canadá.
En 1991 el presidente Fujimori dictó la ley de la libre comercialización del oro, para frenar las extorsiones que sufrían los pequeños productores. Ahora la candidata Keiko Fujimori ha propuesto repartir entre la población el 40% del canon que no se gasta. Es una medida muy interesante y según la opinión de Ricardo Labo, podría crearse un fondo de inversión, a la manera del fondo noruego, que sólo reparta las utilidades, lo que permitiría que perdure en el tiempo, y se reparta anualmente montos similares, y no dependientes del precio de los metales o de reinversiones de las empresas.