El Ministerio del Ambiente parece que andaba preocupado por “mostrar resultados”. Entonces no encontró mejor manera que publicar en “El Peruano” una norma donde con el pretexto de “ordenar” a los pequeños productores mineros (PPM), se establecieron una serie de prohibiciones para las actividades auríferas en Madre de Dios, medidas que ya habían sido tomadas anteriormente y que resultaron poco eficaces.
Lamentablemente la reacción de los PPM, que se dice que suman más de cien mil, ha sido violenta y ahora el país ve con horror, una vez más, a compatriotas muertos en enfrentamientos evitables pues seguimos sin espacios de diálogo, ni contamos con un Estado proclive a enmendar errores.
Los PPM surgen porque simplemente se puede encontrar oro en todo nuestro país y la micro-agricultura tiene una rentabilidad ínfima que no cubre las necesidades básicas de una familia. El Jefe del Ingemmet decía que un PPM gana 11 veces lo que gana un agricultor. Esto hace que el agricultor de la sierra tenga que migrar huyendo de su ambiente paupérrimo. Muchos no quieren vivir de la limosna de los programas sociales y se dirigen a las zonas cocaleras, otros a buscar oro y unos pocos a cosechar en la costa.
Lo que debe hacer el gobierno es un mea culpa. No se puede perseguir a los PPM porque “contaminan” como si en nuestro país ellos fueran la única mancha de una política impecable: ¿cuántas plantas de tratamiento de aguas servidas cuenta nuestro país?…¿cuántos rellenos sanitarios operan como debe ser?…¿cuántas veces se han “ampliado PAMAs”? …en este escenario nacional, el MINAM debería revisar su actuar y como dice el evangelio “él que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.
Mientras que el Ministerio de Energía y Minas debe aceptar la contundente realidad de que existen más de 100,000 PPM o microempresarios mineros ahora, y que si el precio del oro sigue subiendo esta cifra se va a duplicar. Entonces debe comenzar a examinar cuidadosamente sus exigencias para con los PPM. Así se dará cuenta que éstas sólo pueden ser cumplidas por las grandes operaciones y no ha hecho esfuerzos de como adoptar éstas a “tamaños pequeños” (de 50 a 150 toneladas/día por ejemplo). Si cuantifica su normatividad para estos verá que en estudios y esfuerzo administrativo muchas veces se rebasan los ingresos que pueden obtener.
Sabemos que la mayoría de los peruanos trabajan en empresas pequeñas y si queremos terminar con la pobreza, no lo haremos escribiendo magníficos planes, sino incorporando al pequeño en el camino de la formalidad, apoyándolos en su crecimiento. Con mejores ingresos, el microempresario podrá hacer crecer su empresa e incorporar tecnologías menos contaminantes.