En Marzo pasado el presidente Alan García declaraba “Creo que somos países cuya presencia minera en el mundo debe trabajarse de manera conjunta porque cuando dos países hermanos y cercanos que producen cobre compiten, lo que logran es que baje el precio del cobre y ganen menos los dos. Articular y coincidir nuestras políticas será un hecho muy importante”.
Estos comentarios ocurrieron unos 20 años después de que se disolviera el último cartel de cobre que fue el Consejo Intergubernamental de Países Exportadores de Cobre que fue formado por Chile, Perú, Zaire y Zambia en la década de los 70. El grupo se disolvió en 1988 tras fracasar en sus intentos.
Chile es el mayor productor minero de cobre con 5.3 millones de toneladas, cuatro veces la producción peruana de 1.3 millones. La producción chilena representó cerca del 35% de la producción minera mundial de cobre. Junto con Perú significan más del 42%.
Pero si miramos la producción aurífera, Perú extrajo 179 toneladas en 2008, casi cuatro veces lo producido por Chile. Sin embargo, la producción chilena se incrementará fuertemente en los próximos cuatro años con la entrada en operación de los proyectos de Barrick, Pascua y Cerro Casale. Se estima que ambas minas producirán casi 55 toneladas de oro al año.
Lo que hay que destacar de la minería cuprífera es el crecimiento permanente de la producción SX-EW que casi se cuadriplicó desde 1990 y que representa actualmente 17% del total de la producción de cobre refinado. Es en este campo donde se podría articular políticas de investigación pues esta tecnología tiene el atractivo de bajos costos de capital y de operación comparados con los convencionales. Se estima que sus costos son un tercio menores a los de los procesos tradicionales.
Este proceso es actualmente de aplicación limitada pues permite tratar con facilidad los minerales oxidados y sulfuros secundarios, pero minerales más comunes, como la calcopirita, que constituye la reserva más abundante de cobre.
Desde mediados de los 90s se observa una fuerte caída en las leyes de los depósitos que están explotándose, por lo que se requiere innovaciones tecnológicas trascendentales, así como un aumento de los presupuestos de exploración.
En 2008, se gastaron US$12,600 millones en exploraciones en el mundo, donde Perú recibe el 5% y Chile el 4%, según el análisis presentado por Metals Economics Group.
Otro de los mayores retos en innovación que enfrentan ambos países es fomentar la competitividad de la pequeña y mediana minería. Los gobiernos esperan que estas empresas aprovechen la bonanza de los precios altos para invertir en tecnología, en capacitación y mejoramiento de estándares laborales y medioambientales, para que mantengan su nivel de producción incluso en un período de precios bajos.
Pero también se busca no sólo aumentar el valor agregado de los minerales, sino también exportar servicios. En Chile se ha buscado que se consoliden “clusters” para buscar internacionalizar todos los servicios que rodean a la industria minera.
Ambos países también mantienen la preocupación por el uso racional de los recursos hídricos, y su escasez. Así como también remediar pasivos mineros. En Chile la institución encargada es el Sernageomin. En el Perú, el Ministerio de Energía y Minas coordina la remediación de pasivos de responsabilidad estatal con FONAM-Fondo Nacional del Ambiente y Activos Mineros SAC, la sucesora legal de la empresa estatal Centromin-Peru.
La escasez de agua es preocupante en el sur del Perú y norte de Chile donde se ubican los mayores proyectos de cobre. Se estima que inversiones por US$20 mil millones están en riesgo por la falta de recursos hídricos en el norte chileno. Este factor es tan crítico que los bancos de inversión están solicitando a las grandes mineras mayores detalles sobre sus reservas hídricas para evaluar la factibilidad de sus proyectos. Por esta situación se ha pensado traer agua de Bolivia o Argentina. En la época del Presidente Jorge Quiroga (2001-2002) se trató el tema pero la inestabilidad política boliviana y el clima antichileno boicotearon cualquier posibilidad. Recientemente Chile y Bolivia suscribieron un acuerdo sobre las aguas del Silala. Por este acuerdo Bolivia cobrará a las compañías del norte de Chile un 50% del valor de las aguas que usan, mientras estudios científicos conjuntos determinen, en un plazo de cuatro años si se trata de un manantial o de un río.
El Silala nace en territorio boliviano y cruza a Chile. Entre los consumidores chilenos está Codelco, quien tiene derechos por unos 180 litros por segundo. Bolivia no usa las aguas debido a que no hay centros poblados en la zona, pero reclama como suyas esas aguas alegando que nacen en un manantial artificialmente desviado hacia territorio chileno. Santiago argumenta que se trata de un río de un curso continuo.
Se estima que actualmente el litro por segundo cuesta US$ 200,000 en la zona cordillerana de la II Región chilena. Las mineras de esa región están evaluando la construcción de una planta desaladora con una capacidad de 1,000 litros por segundo, para abastecer a 3 o 4 minas. Pero los altos precios de la energía de cerca de US$ 120 por MW/h hacen lejanas estas inversiones; especialmente cuando hay operaciones sobre los 5,000 metros de altura, donde el bombeo hace imposible ésta alternativa.
En Marzo 2009, comunidades chilenas reclamaron que dos de sus bofedales se han secado por pozos y sondajes en la cuenca del río Azufre, que se estarían haciendo para abastecer el proyecto peruano Pucamarca, ubicado a pocos metros del hito 52 de la frontera. El río Azufre es tributario del LLuta que riega 2,700 hectáreas agrícolas de Arica.
Ambos países tienen en cartera numerosos proyectos mineros. Las cifras chilenas alcanzan los 23,000 millones de dólares, mientras que las peruanas son de 11,000 millones. Aún cuando el costo de la energía en Perú es 30% menos que en Chile, los conflictos con las comunidades han retrasado el desarrollo de varios proyectos.
China es un notable inversor en Perú. Chinalco (Aluminium Corporation of China) está desarrollando la mina Toromocho que demandará una inversión de 2,200 millones de dólares. Asimismo, Shougang Hierro Peru planea ampliar sus operaciones en Marcona, invirtiendo 1,000 millones de dólares. China Minmetals Corporation y Jiangxi Copper Company se han unido para explotar el yacimiento cuprífero Galeno en Cajamarca, invirtiendo dos mil millones de dólares. Mientras que Zijing Copper está estudiando el desarrollo de Majaz, en Piura, y Nanjinzhao Group acaba de adquirir un yacimiento de hierro al sur de Marcona.
Actualmente China es el principal destino de las exportaciones chilenas. Mientras que para Perú es el segundo. De acuerdo a las cifras del Ministerio de Suelos y Recursos chino, 19 de 45 minerales que necesita el país no podrán ser satisfechos con producción local. De estos 19 minerales, 11 son la columna vertebral de la economía china. Actualmente el 75% del cobre que consume China es importado como el 90% del hierro. Por esta razón, es crucial para el país asiático tener fuentes confiables de abastecimiento de recursos minerales
Más del 60% del hierro, la mitad del oro, y 40% del cobre peruano son exportados a China. Entre 1998 y 2007, las exportaciones chilenas mineras a China se incrementaron en 20 veces alcanzando más de 8 mil millones de dólares, que es equivalente a un cuarto del total de exportaciones de África a China.
En Setiembre 2008 Codelco cerró un acuerdo con Minmetals de China para desarrollar dos proyectos de cobre: uno en África y otro en América Latina. Esta alianza le puede permitir a la empresa estatal ingresar a un continente donde casi no ha estado, salvo una experiencia fallida en los 90s. En América Latina, por su condición estatal, es díficil que pueda operar en Argentina, Bolivia y Perú, pero si habría la posibilidad si lo hace junto con la empresa china.
Al margen de las asimetrías entre Perú y Chile, existe una gran inversión chilena en Perú cercana a los US$7,000 millones mientras que la inversión peruana en Chile se ha incrementado recientemente con la compra de Cementos Melon por el Grupo Brescia. El intercambio comercial de US$3,000 millones también tiene una tendencia positiva. Es de esperar que los esfuerzos para una mayor integración comercial se deriven también hacia proyectos conjuntos de innovación tecnológica, y conexión energética.