Maria Chappuis

Análisis y Comentarios

Aprovechar nuestras Ventajas Naturales para Crecer

En “De los Recursos Naturales a la Economía del Conocimiento: Comercio y Calidad de Empleo”, el Banco Mundial destaca que un gran error histórico que con frecuencia cometen los países de América Latina es dar la espalda a sus ventajas naturales, cualquiera que éstas sean: riqueza de recursos naturales, ubicación, bellezas naturales o cultura. Y afirma que esta actitud es, en gran medida, resultado de prejuicios acerca de la supuesta superioridad de las actividades manufactureras respecto de aquellas basadas en recursos naturales.

El análisis del Banco Mundial afirma con fuerza que las actividades que se basan en recursos naturales bien pueden ser industrias con uso intensivo de conocimiento y, por lo mismo, con capacidad para impulsar el crecimiento durante mucho tiempo. Y para sostener esta posición, cita varios casos ejemplares.

En primer término, comenta que es imposible sostener que Australia, Canadá, Estados Unidos, Finlandia y Suecia no basaron su desarrollo en sus recursos naturales. De hecho, inclusive hoy son exportadores netos de productos basados en ese tipo de recursos, junto con productos de alta tecnología.

Apunta, por ejemplo, que la evidencia disponible hoy demuestra en forma fehaciente que el éxito industrial de Estados Unidos obedeció a una paulatina transición hacia sectores manufactureros intensivos en recursos naturales y sólo en una etapa muy tardía de su desarrollo a sectores basados en mayor medida en una utilización intensiva del conocimiento. La minería, explica, fue el “fenómeno de aprendizaje colectivo” que llevó a la creación de un fuerte sistema tecnológico, el que más tarde evolucionó hasta dar lugar al sector manufacturero moderno. Y añade que Canadá fue el país que inspiró la “teoría de los productos básicos”, según la cual las exportaciones de bienes primarios dan impulso al desarrollo durante un largo tiempo a través de vínculos de demanda o de oferta.

En el caso de Australia, el desarrollo de la producción de lana y el éxito extraordinario y continuo de la minería, además de las industrias derivadas de ambas, fueron lo que convirtió a ese país en una de las economías más ricas del mundo a principios del siglo XX. Y hoy, el descubrimiento de nuevos yacimientos y la generación y exportación del conocimiento vinculado con la minería –basado en una infraestructura educativa y de investigación a gran escala podrían llevarla una vez más a un sitial próximo a la cabeza de la lista.

En tanto, las naciones escandinavas que fabrican aviones, automóviles lujosos, muebles de diseñadores famosos y, más recientemente, productos avanzados de telecomunicaciones, también fueron creciendo lentamente a partir de sus recursos naturales. El Volvo y el Saab suecos surgieron, en parte, como resultado de encadenamientos productivos del sector forestal. Pero un hecho quizá más interesante es que la finlandesa Nokia, originalmente una empresa productora de pulpa de madera, se convirtió en una importante protagonista en el sector de la telefonía celular mundial. Los elementos clave de esta evolución -dice el Banco Mundial- fueron las estructuras institucionales, las redes de conocimientos y una enérgica política de capital humano que, si bien se estableció para procurar el procesamiento de los recursos, pudo transferirse a sectores de alta tecnología.

En resumen, los datos históricos son elocuentes: bien administrados e insertos en un marco institucional apropiado, los recursos naturales pueden ser motores del desarrollo.

Chile debe aprender esta lección y la Estrategia de Innovación es la respuesta del Consejo frente al desafío de pensar el desarrollo sin dar la espalda a nuestros recursos naturales.

Fuente: Innova Chile

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