Uno de los mayores riesgos que enfrenta actualmente la actividad minera está relacionado con el transporte, de ahí el esfuerzo por intervenir las causas que llevan a la ocurrencia de eventos como colisión entre equipos.
Marzo fue un mes complejo para la División Rodomiro Tomic de Codelco, periodo que terminó con la salida del entonces gerente general, Francisco Carvajal. Todo sucedió en la mañana del sábado 23, cuando el trabajador Nelson Barría operaba una pala mecánica 212, momento en que se produjo un derrumbe en el yacimiento, provocando su muerte.
Producto de este accidente, los trabajadores de RT decidieron paralizar en forma indefinida la explotación de la mina hasta que el máximo ejecutivo de la División presentara su renuncia. Esto, con el apoyo de la Federación de Trabajadores del Cobre (FTC), que acusó a la administración de no atender a las advertencias que realizaron los mineros sobre los desprendimientos menores de material que se estaban presentando en dicha zona del yacimiento.
Frente a este escenario, Codelco emprendió un sumario para aclarar las responsabilidades de gestión que incidieron en el fatal accidente. No obstante, la estatal aclaró que continuamente monitorean los deslizamientos que presenta el cerro mediante tecnología láser, procedimiento que no detectó movimientos anormales que permitieran predecir el desprendimiento de material.
Si bien la actividad minera es una de las más seguras dentro de los diferentes sectores productivos del país, esta situación no se mantiene en materia de fatalidad, debido a la alta probabilidad de peligros y gravedad de los accidentes a que se ven expuestos los trabajadores.
Condicionantes
Uno de los episodios que comúnmente se repiten en los yacimientos y que da pie a la generación de accidentes fatales son los desprendimientos de rocas en zonas de desarrollo de labores mineras. Así se desprende de las estadísticas que consigna el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), dado que de las 25 víctimas que murieron durante 2012, el 28% fue afectada por tronaduras, el 24% por aprisionamiento y un 12% por planchón.
Pedro Cárdenas, gerente de Prevención de la Asociación Chilena de Seguridad (Achs), explica que aunque la mayoría de los accidentes fatales ocurre en minería subterránea, no existe un claro diagnóstico sobre cuáles son los tipos de eventos más recurrentes. Sin embargo, precisa que, según sus antecedentes, los accidentes más comunes tienen relación con aprisionamiento, aplastamiento, golpes por objetos y falta de oxígeno.
A pesar de que algunos de los accidentes mencionados se producen independientemente del tipo de faena minera (rajo abierto, subterránea o en procesos), la exposición a dichos riesgos es mayor en la minería subterránea. De hecho, de acuerdo con las cifras que entrega Sernageomin, durante 2012 el mayor número de accidentes fatales se produjo en este tipo de yacimientos.
Marcelo Rojas, docente de Minería de la Universidad Federico Santa María, explica que los incidentes en minería bajo tierra se registran debido a las condiciones en que el operador trabaja, como espacios confinados, escasa luz y sistemas de evacuación de gases en constante cambio, entre otros .
Sostiene que gran parte de los accidentes podría evitarse con la presencia de personal especialista a cargo de detectar los planchones y saber botarlos con las barretillas de seguridad o acuñadores. “Hay que tener personal capacitado para este trabajo, que es una actividad crítica para que el desarrollo de túneles sea seguro”, señala el académico.
Asimismo, Rojas recomienda que cuando se está trabajando en un panel caving, se deben conocer los parámetros que permiten controlar la intensidad de la sismicidad inducida por la actividad minera, es decir, el tiraje de los puntos de extracción, vigilar con instrumentos sísmicos el cerro y no proyectar bloques a hundir de mucha altura. “Esto, para controlar el tamaño de las rupturas del macizo rocoso, ya que entre más grande sea la ruptura producida en la zona del caving, mayor será la energía irradiada hacia las labores, y sobre los 2,0º Richter es casi seguro que habrá deterioro en las labores por estallidos de rocas”, sentencia.
Ojo con el cerro
En la práctica, ¿cómo se puede prevenir la generación de este tipo de accidentes? Y lo más importante, ¿a qué señales debemos poner atención frente a la posibilidad de que se presenten estos eventos? Rojas afirma que en un panel caving y cuando el cerro cruje es porque hay muchas probabilidades de que exista un suceso sísmico, el cual puede derivar en un estallido de rocas.
Los geofísicos son los encargados de monitorear la sismicidad de una mina, y para ello poseen instrumentos sísmicos que están distribuidos en diferentes posiciones del yacimiento. A través de estas herramientas se puede predecir, en cierto grado, cuándo se puede acercar, en una determinada zona, un evento de magnitud relevante.
En minería a cielo abierto también se generan desprendimientos de rocas, y para controlar dichos fenómenos los geólogos y geofísicos monitorean el cerro a fin de detectar la presencia de fallas, zonas con más diaclasas (fracturas de roca) o con filtración de aguas. Existen “zonas que en la actualidad se pueden monitorear con exactitud milimétrica, por medio de radares o colocación de espejos para poder disparar láser y monitorear movimientos del macizo rocoso hasta submilimétricos”, indica el académico de la Universidad Federico Santa María.
Con todo, advierte que, pese al desarrollo de tecnologías y metodologías de trabajo, “lamentablemente nunca podremos erradicar en un 100% los accidentes por caídas de rocas o movimiento de cuñas, ya que no podemos controlar la sismicidad tectónica”.
También se destaca la importancia de dañar lo menos posible el cerro, a través del control de la cantidad y calidad del explosivo, tanto en los desarrollos como en los hundimientos, y tener trabajadores capacitados en la detección de planchones. Además, se debe efectuar un diseño adecuado de la fortificación, el cual tiene que ser acorde a las condiciones geomecánicas del cerro.
Accidentes de transportes: un nuevo desafío
A juicio de Roberto Cisternas, gerente de Seguridad y Salud Ocupacional de la unidad Cobre de Anglo American, uno de los mayores riesgos que enfrenta actualmente la minería está relacionado con el transporte. De ahí el esfuerzo por intervenir las causas que llevan a la ocurrencia de eventos como colisión entre equipos, pérdida de control de máquinas de gran envergadura, incidentes relacionados con el transporte de personal, y la interacción de vehículos menores con los tradicionales equipos usados en la minería de superficie.
“Establecer estándares de prevención de fatalidades para vehículos y equipos de superficie ha sido la tendencia de las grandes compañías, y con un buen plan de gestión del transporte se han logrado avances al disminuir las pérdidas de vidas asociadas a estos eventos” sostiene.
Producto de esta tipología de accidentes, muchas minas a rajo abierto han adoptado equipamiento con tecnología avanzada, por ejemplo, sistemas para evitar colisiones y cámaras instaladas en equipos, que permiten alertar sobre la presencia de otros vehículos o máquinas.
Con respecto a los elementos de seguridad que utilizan los trabajadores, Cisternas sostiene que afortunadamente la seguridad basada en los elementos de protección personal ha quedado atrás en el tiempo y es un rasgo de una cultura de seguridad muy básica. “Los elementos de protección pueden ayudar a mitigar la consecuencia o severidad de una lesión, pero obviamente no están actuando sobre las causas de ocurrencia de los eventos. A pesar del progreso en el diseño y calidad de algunos elementos de protección, estos siguen estando al final de la lista de la jerarquía de controles que deberíamos considerar para prevenir incidentes”, señala.
Con todo, el ejecutivo indica que, en general, los elementos de protección forman parte de la indumentaria necesaria para ejecutar ciertas tareas y deben considerarse como parte fundamental e integral para evitar desviaciones a normas y procedimientos establecidos.
Fuente: mch.cl