Arellano presentó un informe sobre la percepción del peruano sobre la minería y la conclusión es que el desconocimiento de la dinámica de este sector es casi total. Sería interesante saber si este desconocimiento es mayor en Lima que en provincias.
Según la encuesta el 14% de los peruanos están en contra de la minería; y en este universo están principalmente mujeres de 25 a 44 años con nivel de instrucción elevado, las que opinan que las mineras “deben cerrar e irse del país”.
Esta respuesta no es sorprendente porque el aspecto positivo que se resalta mas del sector es “mas trabajo para peruanos por la operación de la mina y negocios vinculados”. Sabemos que la participación de las mujeres que trabajan en la gran y mediana minería es bajo, inclusive más bajo que en Chile.
Mientras que los aspectos negativos más fuertes son “genera contaminación”, “impacta negativamente en el ecosistema”, “daña la salud de las comunidades cercanas” y “uso en exceso de los recursos naturales”. De lo anterior se podría concluir que para estas personas “la mina contamina y causa daños a la salud”.
¿Por qué una mujer joven de nivel de instrucción elevado opina así? Las razones pueden ser 1) que las minas modernas no están en Lima, ni cerca de centros urbanos costeros (a excepción de la mina Cerro Verde que está a 40 km de Arequipa o la refinería de zinc de Cajamarquilla). En segundo lugar la fuente de información de este grupo son noticieros o titulares de periódicos, que continuamente resaltan las actividades ilegales o de pequeños productores artesanales. Estas noticias asociadas a las noticias sobre transferencias de canon o proyectos en cartera, pueden asociar percepciones de “esclavitud” con “generación de recursos”. Reportajes sobre gran o mediana minería se publican rara vez, a excepción de conflictos sociales donde los noticieros sólo muestran carreteras bloqueadas. Esto último está muy relacionada con la tercera razón: el bajo porcentaje de peruanas con educación STEM (Science, Technology, Engineering & Mathematics), lo que le impide asociar modernidad, innovación, en resumen, tecnologías sofisticadas que cuidan el ambiente, con las prácticas operacionales de las minas modernas que operan en nuestro país.
Lamentablemente no existen políticas públicas que incentiven la participación femenina en carreras STEM, donde los salarios son más altos; y donde la naturaleza investigativa de las mujeres puede acelerar el desarrollo tecnológico de nuestro país.