Se ha dicho que Repsol YPF no ha invertido lo suficiente en sus operaciones argentinas y que su política de reparto de dividendos ha sido perjudicial.
El gobierno argentino ha conocido y aprobado sistemáticamente los proyectos de inversión de la compañía, no en vano guardaba la “acción de oro”, y tenía una presentación clave en sus órganos de gobierno. Desde su adquisición, Repsol YPF había invertido en torno a los 20 mil millones de dólares, y desde 2006 la cantidad de 12,618 millones de dólares fue claramente superior a los resultados de 7,900 millones de dólares.
En 2011 se alcanzó la cifra extraordinaria de 2,900 millones de dólares de nueva inversión, a pesar de la política continuada de subsidios y precios por debajo del mercado impuesto por el gobierno argentino que hace inviable cualquier política energética. Sus alegaciones quedan muy en evidencia por el solo dato de que administrando únicamente el 33% de las reservas de petróleo y gas, la empresa española ha venido abasteciendo el 60% del mercado argentino, lo que significa que el resto de empresas del sector debían de ser mucho menos eficientes y además no invertían lo necesario para el adecuado rendimiento de sus recursos. Si Repsol YPF no hubiera invertido lo suficiente, ¿Cómo se habría podido establecer el potencial del yacimiento de Vaca Muerta, por el que ahora todas las codicias se desatan en el país vecino?
El gobierno argentino denuncia ahora la política de distribución de dividendos, pero esa política fue aprobada por él en todos sus términos y fue la condición que se dictó a Repsol YPF para imponer la entrada de un nuevo socio argentino, actualmente en posesión del 25% del capital, quien apalancó la operación de compra, milagrosamente, sin aportación de capital y vinculándola a la devolución de prestamos -incluso de Repsol YPF- mediante los dividendos del futuro, que ahora es dudoso que lleguen.